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| 98 | CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA | Constituyentes 1978 | Artículo 8 |
CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA Constituyentes 1978 Artículo 81. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. 2. Una ley orgánica regulará las bases de la organización militar conforme a los principios de la presente Constitución. |
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| 14 | BIBLIA | San Mateo | CAPÍTULO 14 |
BIBLIA San Mateo CAPÍTULO 141En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús 2y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». 3Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; 4porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. 5Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. 6El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, 7que juró darle lo que pidiera. 8Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». 9El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, 10y mandó decapitar a Juan en la cárcel. 11Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. 12Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús. 13Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. 14Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. 15Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». 16Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». 17Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». 18Les dijo: «Traédmelos». 19Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. 20Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. 21Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. 22Enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. 24Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 25A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. 26Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. 27Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». 28Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». 29Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; 30pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». 31Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». 32En cuanto subieron a la barca amainó el viento. 33Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios». 34Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. 35Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos. 36Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados. |
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| 21 | BIBLIA | San Mateo | CAPÍTULO 21 |
BIBLIA San Mateo CAPÍTULO 211Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos 2diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. 3Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto». 4Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: 5«Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”». 6Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: 7trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. 8La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. 9Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». 10Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?». 11La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea». 12Entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas. 13Y les dijo: «Está escrito: “Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos”». 14Se le acercaron en el templo ciegos y cojos, y los curó. 15Pero los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el templo «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron 16y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen estos?». Y Jesús les respondió: «Sí; ¿no habéis leído nunca: “De la boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho sacaré una alabanza”?». 17Y dejándolos salió de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche. 18De mañana, camino de la ciudad, tuvo hambre. 19Viendo una higuera junto al camino se acercó, pero no encontró en ella nada más que hojas y le dijo: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!». E inmediatamente se secó la higuera. 20Al verlo los discípulos se admiraron y decían: «¿Cómo es que la higuera se ha secado de repente?». 21Jesús les dijo: «En verdad os digo que si tuvierais fe y no vacilaseis, no solo haríais lo de la higuera, sino que diríais a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y así se realizaría. 22Todo lo que pidáis orando con fe, lo recibiréis». 23Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?». 24Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. 25El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?». Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. 26Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta». 27Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto. 28¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. 29Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. 30Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. 31¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. 32Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis». 33Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. 34Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. 35Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. 36Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. 37Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. 38Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. 39Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. 40Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». 41Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». 42Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? 43Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. 44Y el que cayere sobre esta piedra se destrozará, y a aquel sobre quien cayere, lo aplastará». 45Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. 46Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta. |