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| 39 | BIBLIA | San Marcos | CAPÍTULO 11 |
BIBLIA San Marcos CAPÍTULO 111Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, 2diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. 3Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”». 4Fueron y encontraron el pollino en la calle atado a una puerta; y lo soltaron. 5Algunos de los presentes les preguntaron: «¿Qué hacéis desatando el pollino?». 6Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron. 7Llevaron el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. 8Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. 9Los que iban delante y detrás, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 10¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!». 11Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce. 12Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. 13Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. 14Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie frutos de ti». Los discípulos lo oyeron. 15Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. 16Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. 17Y los instruía diciendo: «¿No está escrito: “Mi casa será casa de oración para todos los pueblos”? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos». 18Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo admiraba su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él. 19Cuando atardeció, salieron de la ciudad. 20A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. 21Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado». 22Jesús contestó: «Tened fe en Dios. 23En verdad os digo que si uno dice a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. 24Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis. 25Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas». 26[«Mas si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos perdonará vuestras ofensas»] 27Volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, 28y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad para hacer esto?». 29Jesús les replicó: «Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto. 30El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Contestadme». 31Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es del cielo, dirá: “¿Y por qué no le habéis creído?”. 32¿Pero cómo vamos a decir que es de los hombres?». (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta). 33Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Jesús les replicó: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto». |
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| 148 | BIBLIA | San Pablo | Romanos 8 |
BIBLIA San Pablo Romanos 81No hay, pues, condena alguna para los que están en Cristo Jesús, 2pues la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3Lo que era imposible a la ley, por cuanto que estaba debilitada a causa de la carne, lo ha hecho Dios: enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne, 4para que la justa exigencia de la ley se cumpliera en nosotros, los que actuamos no de acuerdo con la carne, sino de acuerdo con el Espíritu. 5Pues los que viven según la carne desean las cosas de la carne; en cambio, los que viven según el Espíritu, desean las cosas del Espíritu. 6El deseo de la carne es muerte; en cambio el deseo del Espíritu, vida y paz. 7Por ello, el deseo de la carne es hostil a Dios, pues no se somete a la ley de Dios; ni puede someterse. 8Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. 9Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo. 10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. 11Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. 12Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. 13Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. 14Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. 15Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!». 16Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; 17y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él. 18Pues considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. 19Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; 20en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza 21de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto. 23Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo. 24Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve, no es esperanza; efectivamente, ¿cómo va a esperar uno algo que ve? 25Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. 26Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. 27Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios. 28Por otra parte, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. 29Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. 30Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó. 31Después de esto, ¿qué diremos? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? 33¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. 34¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios y que además intercede por nosotros? 35¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?; 36como está escrito: Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. 37Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. 38Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, 39ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor. |
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| 132 | CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA | Constituyentes 1978 | Artículo 42 |
CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA Constituyentes 1978 Artículo 42El Estado velará especialmente por la salvaguardia de los derechos económicos y sociales de los trabajadores españoles en el extranjero y orientará su política hacia su retorno. |