
| ID | TEMA | AUTOR | TÍTULO | TEXTO | AUDIO |
|---|---|---|---|---|---|
| 35 | BIBLIA | San Marcos | CAPÍTULO 7 |
BIBLIA San Marcos CAPÍTULO 71Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; 2y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. 3(Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, 4y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). 5Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». 6Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. 8Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres». 9Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. 10Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte”. 11Pero vosotros decís: “Si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son corbán, es decir, ofrenda sagrada”, 12ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; 13invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís; y hacéis otras muchas cosas semejantes». 14Llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: 15nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre». 16[«El que tenga oídos para oír que oiga»] 17Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. 18Él les dijo: «¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, 19porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina». (Con esto declaraba puros todos los alimentos). 20Y siguió: «Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. 21Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, 22adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. 23Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro». 24Desde allí fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse. 25Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. 26La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. 27Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». 28Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». 29Él le contestó: «Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija». 30Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado. 31Dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. 32Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. 33Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. 34Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»). 35Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. 36Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. 37Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos». |
|
| 31 | BIBLIA | San Marcos | CAPÍTULO 3 |
BIBLIA San Marcos CAPÍTULO 31Entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. 2Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. 3Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». 4Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban. 5Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida. 6En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él. 7Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. 8Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón. 9Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío. 10Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. 11Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». 12Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer. 13Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él. 14E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, 15y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios: 16Simón, a quien puso el nombre de Pedro, 17Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, 18Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná 19y Judas Iscariote, el que lo entregó. 20Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer. 21Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. 22Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». 23Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? 24Un reino dividido internamente no puede subsistir; 25una familia dividida no puede subsistir. 26Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. 27Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. 28En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; 29pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». 30Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. 31Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. 32La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». 33Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». 34Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. 35El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre». |
|
| 6 | BIBLIA | San Mateo | CAPÍTULO 6 |
BIBLIA San Mateo CAPÍTULO 61Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. 2Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. 3Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; 4así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 5Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. 6Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. 7Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. 8No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. 9Vosotros orad así: “Padre nuestro que estás en el cielo, | santificado sea tu nombre, 10venga a nosotros tu reino, | hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, 11danos hoy nuestro pan de cada día, 12perdona nuestras ofensas, | como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, 13no nos dejes caer en la tentación, | y líbranos del mal”. 14Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, 15pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. 16Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. 17Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, 18para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. 19No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. 20Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. 21Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. 22La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; 23pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! 24Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. 25Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 26Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? 27¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? 28¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. 29Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. 30Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? 31No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. 32Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. 33Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. 34Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia. |